martes, 17 de enero de 2017

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Aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suarez.
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Más allá de la precisión funcional, la gran virtud de la nueva T4 es la calidad del ambiente interior. Para combatir la frialdad y el aspecto fabril común a muchos aeropuertos, Rogers y Lamela proponen una terminal increíblemente luminosa, donde la luz cenital es tamizada y se introduce hasta la planta inferior. Incluso las pasarelas que cruzan los “cañones de luz” se construyen en vidrio para no interrumpir el paso de la luz natural.
Los típicos acabados industriales son aquí sustituidos por el bambú en el intradós de cubierta y la piedra natural en los pavimentos. La elección del bambú responde a la flexibilidad del material para adaptarse a superficies de doble curvatura. Todos estos factores y algunos otros, como la variación cromática en las series de pilares, contribuyen a aportar calidez y aproximar el edificio a una escala más humana.
Aunque existen soluciones constructivas novedosas, este edificio no pretende hacer un alarde estructural. Al contrario, el elemento protagonista del espacio debe ser la cubierta, por lo que el objetivo fundamental es aligerar y reducir al mínimo todos los elementos estructurales.
Los pilares inclinados de sección variable se ramifican en forma de V con el fin de reducir a la mitad el número de apoyos y de no focalizar las perspectivas visuales. A su vez los “kipper-truss”, o montantes de fachada, son elementos que, gracias al pretensado, pueden soportar la acción del viento sobre el cerramiento y anclar la cubierta ante presiones y succiones, todo ello con secciones mínimas.
Un manto, o superficie alada, basada en un módulo que se extiende indefinidamente sobre una malla de soportes inclinados, captando y tamizando la luz natural para crear juegos de luces y sombras. Esta podría ser, en resumen, la idea que presidía la propuesta ganadora del concurso convocado en 1997. Cómo pudo materializarse constructivamente, nueve años después
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Madrid-Barajas Airport Adolfo Suarez.
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Beyond functional precision, the great virtue of the new T4 is the quality of the interior environment. In order to combat the coldness and the industrial aspect common to many airports, Rogers and Lamela propose an incredibly luminous terminal, where the overhead light is sieved and introduced to the lower floor. Even the walkways that cross the "light cannons" are built in glass so as not to interrupt the passage of natural light.
The typical industrial finishes are here replaced by the bamboo in the roofing cover and the natural stone in the pavements. The choice of bamboo responds to the flexibility of the material to accommodate double-curved surfaces. All these factors and some others, like the chromatic variation in the series of pillars, contribute to bring warmth and approach the building to a more human scale.
Although there are new constructive solutions, this building is not intended to make a structural boast. On the contrary, the main element of space must be the cover, so the fundamental objective is to lighten and minimize all structural elements.
The inclined pillars of variable section are branched in a V-shape in order to reduce the number of supports by half and not to focus the visual perspectives. In turn, "kipper-truss", or uprights, are elements that, thanks to the prestressing, can withstand the action of the wind on the enclosure and anchor the cover under pressures and suctions, all with minimal sections.
A mantle, or winged surface, based on a module that extends indefinitely on a mesh of inclined supports, capturing and sifting natural light to create sets of lights and shadows. This could be, in short, the idea that presided over the winning proposal of the competition convened in 1997. How it could materialize constructively, nine years later

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